Jamón, jamón

Estas fechas es lo que toca: comer jamón de navidad. Jamón cocido, jamón de York, pernil dolç. Como en muchas otras culturas, se guardaba lo mejor de la matanza para las navidades y otras fiestas de guardar. Ahora ya no se hace la matanza en las casas, pero el jamón sigue siendo uno de los reyes de las mesas navideñas.

Lo ideal sería comprar un jamón fresco, entero y deshuesado. A ser posible, de una granja cercana. Ponerlo en agua con sal dos semanas para  asegurarse de comer un jamón en condiciones. Casero y  sin aditivos.

Por desgracia, es más facil  ir al súper y comprar el jamón ya preparado. Ya salado y ya cocido. Si prefieres cocerlo tú mismo, no hay problema. Hay de diferentes tamaños , precios y tipos… Incluso hay jamón de cerdo alimentado con rapsolja, aceite de colza. La carne es mucho más tierna y sabrosa, pero la palabra colza da yuyu a todo aquel que vivió en  la España de los 80. Vaya, que a veces es mejor no traducir.

También hay jamón ecológico e incluso pollo de navidad, para los que no comen cerdo. Con un poco de suerte, llegas a tiempo  y encuentras jamón de alguna pequeña granja de la zona. Carne de kilómetro cero. Pero, si no lo has encargado, te arriesgas a que esté agotado. Y dices bueno, el año que viene a ver si me acuerdo de encargarlo a tiempo. Y piensas: no pasa nada. Hay otros jamones.  Te conformas con uno que no se haya paseado por media Europa. Escoges uno donde pone carne sueca y una banderita. Bien. Con la conciencia tranquila, lo metes en el carro, porque sabes que, de alguna manera, contribuyes a que se ahorre carburante. O eso esperas. Y te da por mirar el código de barras del jamón. Horror. No empieza por 73, como todos los productos suecos. Ya no sabes qué hacer.¿Lo compramos o no lo compramos? Y, allí estás, en el supermerado, frente a tropecientos tipos de jamón… Y te dan ganas de hacerte vegetariana. Si además, a ti el puñetero jamón de navidad te importa un pimiento.

Y le dices a tu marido: Anda, elige tú.

 

Anuncios

De Laponia a Hollywood

Pues no, Charlie Chan no era chino. Ni siquiera me acordaba de que se llamase Charlie Chan. Había visto alguna de sus películas en la tele, cuando era pequeña. Las recordaba perfectamente, pero su nombre, no. Y mucho menos del nombre del actor. Warner Oland. De dónde sería ese actor… ¿Por qué no habían contratado a un actor chino?. ¿Lo habían hecho a propósito?

Al poco tiempo de vivir en Suecia, descubrí que Charlie Chan era sueco. Que en realidad se llamaba Johan Verner Öhlund. Que nació a unos 50 kms. de aquí y que, en su pueblo, una asociación lleva años intentando montar un museo sobre él. Su familia emigró a EE.UU, como tantas otras de la época. Allí estudió bachillerato y arte dramático. Prefería el teatro al cine. Tradujo teatro sueco al inglés. Hizo cine mudo. Luego llegarían Charlie Chan, El expreso de Shanghai  y otras muchas películas.

Este verano fui a ver un monólogo/exposición/coloquio sobre Warner Oland. No me lo quería perder por nada del mundo. Pensé que a mi suegra a lo mejor le hubiese gustado acompañarme, pero estaba de vacaciones. Lástima. Su abuela era de la misma zona que Warner Oland.

A su vuelta, se lo comenté de pasada. No parecía muy impresionada. ¿Warner Oland? Ah, era pariente lejano nuestro.

Súbeme la radio

Sí. Me he sorprendido varias veces diciendo Súbeme la radio. Aunque mi marido no lo haya oído y no se lo crea. Según él, mi frase estándar, en  todo lo relativo al sonido es: Baja un poquito. Y, es verdad que me molesta cualquier cosa que suene. Es lo que tiene ser profe. Que te molesta el ruido, el sonido, todo. Vuelves a casa y piensas: Jo, con lo guay que tiene que ser trabajar en una biblioteca, en un archivo o, qué sé yo, en el bosque. En silencio.

Y, sin embargo, tus hijos te dicen que, los domingos por la tarde, tienes el fútbol en la radio a toda pastilla. Que no hay quien entre en la cocina. En fin. No sé.

El caso es que, escuchar la radio es de lo más terapéutico. Desconectas de todo y de todos. En cuestión de segundos, estás en tu burbuja. Adiós mundo. Sólo escuchar y reflexionar. A veces, ni eso.

Pero lo mejor, lo mejor de la radio es otra cosa. Lo mejor, con diferencia, es descubrir que escuchas lo mismo que un viejo amigo, un antiguo vecino  o un conocido. Descubrir en las redes sociales que, has escuchado y comentado exactamente el mismo programa que un familiar -que está a años luz de distancia y no ves hace siglos- no tiene precio. Y eso te acerca más a todos ellos.

Los desayunos ya nunca serán lo que eran

Desde hace un par de semanas, el diario ya no está en el buzón por las mañanas. Se echa en falta. Desayunar en casa con la prensa, era uno de los lujos cotidianos que más mola(ban) de este país, con diferencia.

Los repartidores eran todo un enigma. Por mucho que me explicasen, no les ponía cara. Qué msterio. Hace dos veranos,  por fin, coincidí con uno de ellos.  Me daban ganas de darle las gracias. Por salir en plena noche por esos caminos de Dios (caminos de cabras, qué demonios) y hacernos llegar la prensa sin bajarse del coche. Utilizaban coches con el volante a la derecha. Bajaban la ventanilla y metían el diario en el buzón. En una ocasión, encontramos una nota junto al periódico. El buen hombre nos pedía, por favor, que colocásemos un buzón al otro lado del camino. Así no tendría que dar media vuelta para llegar con el coche a nuestro buzón. Y así lo hicimos. Ahora hay uno para Correos y, justo en frente, uno para la prensa. Tendremos que ir pensando en quitarlo.

A veces, a eso de las cuatro de la mañana, oías un coche y el ruido del buzón al cerrarse. Madre mía, qué horarios. Todo, para que el lector pudiese tomarse el café con las noticias del día. Ahora toca tomase el café con la prensa del día anterior. Y sientes que estás en el culo del mundo, con perdón.

Pero hay que entender la situación. Con esto de la tecnología, supongo que el número de suscriptores ha descendido. Hasta mis suegros leen la prensa por internet. Está claro que no sale a cuenta pagar el servicio de reparto.

Y la prensa llega por la tarde, con el correo. Justo a la hora de la cena. Habrá que acostumbrarse.

 

Un mercadillo de navidad en el bosque de Hemling.

 

Dejamos el coche en el párking. Justo en ese momento, apareció un trineo cubierto por pieles y tirado por una yegua. Nos subimos. El trayecto era corto, pero lo disfrutamos como si hubiese durado horas.

Llegamos al mercado por un caminito iluminado.  Junto al fuego, nos ofrecieron café y glögg, vino caliente con especias.

A pesar de la temperatura, se estaba tan a gusto. Los niños correteaban y los adultos, parecían tener todo el tiempo del mundo para charlar o simplemente, sentarse y disfrutar del momento. Ni frío, ni estrés navideño. Como debe de ser.

 

DSC_1221.JPGDSC_1218.JPGDSC_1233.JPGDSC_1228.JPGDSC_1242.JPG

Una noche en el teatro

Había apuntado la fecha en el calendario con meses de antelación. No quería que se me pasase por nada del mundo. Mira que si me quedaba sin entradas. No había leído el libro. Había oído hablar de la obra y había visto algún fragmento en la tele. Poco más. Pero, por lo que fuese, siempre me había llamado la atención. ¿Sería por el título? El jardín de los cerezos… De vez en cuando miraba por internet cuántas butacas quedaban. Por si acaso. También vi la versión que hicieron de la obra en Tve hace 40 años , en Estudio 1. Sabía que la versión que traían a nuestra ciudad era una versión libre y nunca está de más ver varias versiones de la misma obra. Jo, qué buenos actores.

Pasaban las semanas y la fecha de la función se acercaba. Yo estaba tan emocionada, que había logrando convencer a unos amigos (uno de ellos ni siquiera habla sueco) para que nos acompañasen. Pensándolo bien, no sé quién estaba más emocionada, si mi hija o yo. Mi marido, estaba contento de vernos tan contentas a las dos.

¿Me quedaría sin butacas después de haber arrastrado a 4 personas más y de haberles dado la lata durante meses con la dichosa obra de teatro?

Pues no, no nos quedamos sin entradas, ni mucho menos. Las compramos en el momento, porque sólo cuatro gatos habían reservado online. Y, si les daba por suspender la función por falta de público. Yo qué sé… Pero no, el señor de la taquilla me tranquilizó. Habría función de todas, todas.

Me encontré con un par de colegas. Una de ellas, de lengua materna rusa, estaba allí más por curiosidad que por otra cosa. Le habían obligado a leer a Chéjov en su juventud y le había parecido de lo más aburrido. La otra, había quedado maravillada con la escenografía. A mi hija le encantó el trabajo de los actores. La miraba y casi creía adivinar qué se le estaba pasando por la cabeza:Cómo serían los ensayos, cómo sería el día a día de los actores…

Por mi parte, yo estaba en el séptimo cielo. Cuál era la fórmula mágica de los escritores en general, para lograr escribir algo tan bueno que pueda sobrevivir al tiempo, a la historia…Algo que te haga reflexionar de esa manera sobre la vida, sobre tu vida…

Tengo que reconocer que odio leer traducciones de libros. Pero, en ese momento, pensé: qué suerte que haya buenos traductores literarios. Si no, me hubiese perdido a Chéjov y a tantos otros.

Y me daba muchísima rabia que no hubiese más espectadores. Pero la ciudad es pequeña y había otros espectáculos para elegir. Por suerte, la compañía es regional y recibe subvenciones públicas (me imagino), así que seguirán viniendo.

Una estación con encanto

El último fin de semana de julio hay mercado en Björnsjö. Aparte del mercado, muy bien organizado, también se puede visitar la antigua estación. Hace unos años la adquirió una asociación de amigos del ferrocarril. Allí se puede ver cómo eran las estaciones de antes. Por supuesto, no podíamos perdérnoslo.

Se ve que por aquí también hay muchos apasionados del ferrocarril. Aunque yo, hasta ahora, no me había encontrado a ninguno. Lo que me más extrañó es que, de los miembros de la asociación con los que hablé, nadie era trabajador o familiar de ferroviarios.

También tuvimos la oportunidad de ver el interior de lo que llaman rälsbuss, un autobús sobre raíles. Y, como no quiero meter la pata, aquí cuelgo unas fotos de la visita y voy a dejar hablar a los entendidos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.